La marcha hacia un transporte marítimo con cero emisiones continúa, y esta vez el impulso proviene del Báltico.
La Flota Estatal de Estonia ha firmado un contrato con el astillero polaco CRIST SA para el diseño y la construcción del que será el primer ferry de pasajeros totalmente eléctrico de Estonia, una inversión de casi 50 millones de euros que pone de manifiesto la agresividad con la que los operadores regionales de ferries están modernizando sus flotas obsoletas al tiempo que reducen las emisiones.
Con fecha de entrega prevista para finales de 2028, el buque de 100 metros prestará servicio en la ruta Virtsu-Kuivastu , una conexión vital entre la Estonia continental y sus islas. Para Estonia, esto es más que un simple pedido de un buque; es una inversión estratégica en infraestructura para garantizar la fiabilidad, la resiliencia y un transporte más limpio.
En Estonia, los transbordadores son imprescindibles. Constituyen enlaces esenciales para el comercio, el turismo, el transporte de mercancías y la movilidad diaria. Esta realidad hace que el diseño sea particularmente exigente: operaciones diarias con cero emisiones, fiabilidad durante todo el año y capacidad para funcionar en las duras condiciones invernales del Báltico.
Ahí es donde este proyecto se pone interesante.
Ilustración de LMG Marin
A diferencia de muchos conceptos de transbordadores eléctricos centrados en operaciones cortas en aguas templadas, el nuevo buque de Estonia se está construyendo para un servicio genuino en el norte. El transbordador contará con un sistema de baterías de 3 MWh que se cargará desde la infraestructura terrestre, lo que permitirá operaciones totalmente eléctricas en el servicio habitual. Sin embargo, el diseño también reconoce la realidad marítima: las baterías por sí solas no resuelven todos los desafíos operativos.
Para solucionar este problema, el buque incluirá generadores alimentados con biodiésel como sistema de respaldo, lo que ampliará su autonomía a al menos 1.000 millas náuticas y garantizará la continuidad operativa durante condiciones meteorológicas adversas, emergencias o cuando cambien los requisitos de la ruta.
Esta redundancia híbrida refleja un enfoque práctico, más que ideológico, de la descarbonización.
La clasificación de hielo 1B de la embarcación añade un nivel adicional de complejidad. Diseñado para operar en hielo de hasta 60 cm de espesor , el ferry empleará propulsores azimutales en ambos extremos, lo que le proporcionará maniobrabilidad y potencia adicional para operar en condiciones invernales extremas.
CRIST tiene amplia experiencia en proyectos de transbordadores técnicamente ambiciosos, habiendo entregado anteriormente transbordadores avanzados de bajas emisiones para operadores escandinavos. Asimismo, el estudio de arquitectura naval LMG Marin cuenta con una dilatada trayectoria, especialmente en el diseño de transbordadores eléctricos e híbridos, con más de 200 transbordadores en su portafolio.
Para los astilleros, este contrato es una señal más de que la electrificación está dejando atrás los proyectos piloto para integrarse en las contrataciones habituales.
Para los operadores, los cálculos de eficiencia son convincentes. Estonia afirma que el buque será hasta un 64 % más eficiente energéticamente que el Regula, propulsado por diésel, el buque de referencia actual de su flota.
Por supuesto, la financiación pública está contribuyendo a la viabilidad económica del proyecto. El valor total del contrato asciende a 49,93 millones de euros, financiados en parte con 28 millones de euros del Fondo de Modernización de la Unión Europea .
Pero la subvención por sí sola no explica el acuerdo.
La adopción de transbordadores eléctricos ha llegado a un punto en el que los operadores ven cada vez más estas embarcaciones no como declaraciones medioambientales experimentales, sino como activos de flota comercialmente racionales, especialmente en rutas fijas y repetibles donde la infraestructura de carga se puede planificar con precisión.